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Mostrando las entradas de septiembre, 2023

Y para precisar

 Te amo, sí, como la flor ama el invierno, un afecto tan cálido como un glaciar eterno. Te amo, sí, como el viento abraza la roca, una pasión tan firme como una barca rota. Te amo, sí, como un pez adora el desierto, en un hábitat ajeno, sin consuelo cierto. Te amo, sí, como la tormenta busca su calma, dulce mentira que mata, que apunta con su arma. Te amo, sí, como el verso necesita la rima, una afirmación vacía, una trama que fastidia. Te amo, sí, como el suspiro extraña la brisa, una declaración hueca, apenas precisa. Te amo, sí, como el insomnio aguarda el descanso, un sentimiento que se deshace, cual barro manso. Pero, en la claridad de esta confesión, si el sarcasmo no te queda claro, no, no te amo.

Aquí yace mi vuelo

 En el abismo de mi ser yace un vacío, un eco sutil de desgana en el pecho. Te amo, sí, como se ama en las sombras, pero mis labios se niegan a un beso. No quiero tus suspiros ni tus caricias, aunque te ame con un fuego callado. Mis manos se duermen, mis brazos se vuelven plomo, como si el acto de amar fuera un peso arrastrado. ¿Por qué la piel rehúsa el contacto? Amar no basta, el cuerpo se rebela. No deseo rozar la piel que amo, aunque mi corazón lata por ella. Y te amo, pero no quiero tocarte; apatía. Como si el amor y el deseo fueran a la par en rebeldía. Y te amo en el silencio de mis adentros, aunque mis manos eviten los encuentros. Amor, palabra que se enreda en mis labios, como espinas que se clavan en la garganta, te amo, sí, pero el deseo se disuelve en la bruma. Mis labios pronuncian promesas falsas. Las caricias, suaves hojas de un otoño sin color, se deslizan por mi piel, indiferentes como el viento, y tus palabras, como pájaros sin alas, revolotean en mi mente, pero n...