Instantes de té y sombras felinas
En la penumbra de la cafetería, silueta de murmullos,
donde los relojes bailan al compás del humo,
un solitario observador, en la esquina del rincón,
un gato negro, taciturno, al acecho en su canción.
Entre la cafeína que embriaga esperanzas,
el té, como un susurro en la taza pausada,
un espectador, un felino entre pares,
maravillado por los momentos singulares.
En la rutina encuentra poesía,
cada sorbo, un verso en la melodía,
todos persiguen el mañana distante,
mientras él, en el presente, es un navegante.
En el humo de los sueños ajenos,
la soledad se convierte en abrazo,
observa cada gesto, cada destello,
como si el tiempo danzara despacio.
El vapor del café escapa en el aire impaciente,
mientras el té exhala, tranquilo y serenamente,
el entintado, con su pluma en un rincón,
atrapa instantes, olvidados en la confusión.
En cada sorbo, el tiempo se desacelera,
y el bullicio se transforma en melodía sincera,
los destellos de la rutina, pequeñas constelaciones,
se revelan ante ojos que saben de observaciones.
¿Quién mira al futuro cuando el presente es eternidad?
El gato, en su solitaria danza, lo comprende con humildad,
mientras el té fluye, como río en la noche quieta,
el observador, como el gato, abraza la vida discreta.
Así, en la cafetería del reloj entrelazado,
donde todos corren hacia el porvenir,
el gato negro, de la rutina enamorado,
descubre la magia de simplemente existir.
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