Ritual de claveles

 En la penumbra del jardín secreto,

donde las sombras susurran en clave,

un gato negro, de ojos de misterio,

descubrió el secreto de los claveles.


Sus patas sigilosas, un suspiro en el rocío,

se deslizó entre las flores que se alzan,

y vio a alguien, en un rincón sombrío,

adorar claveles, como promesas que abrazan.


Los pétalos rojos, como labios apasionados,

eran ofrendas en manos temblorosas,

un lenguaje de amores silenciados,

donde el gato observaba, entre sombras hermosas.


La noche callada, el gato curioso,

testigo de un ritual, un gesto sagrado,

vio cómo los claveles eran un anhelo lujoso,

entre manos que buscaban lo nunca revelado.


El misterio del amor, tejido en espinas,

entre susurros de hojas y suspiros del viento,

el gato negro, en su piel de sombras divinas,

descubrió la danza de un amor sediento.


Y así, entre claveles que florecían secretos,

el gato, testigo de un rito revelador,

entendió que regalarlos no era un defecto,

sino un acto sublime, un pacto de amor.


En la noche eterna, donde el gato se pierde,

los claveles guardan historias silenciadas,

como testigos de amores que el tiempo recuerde,

en el jardín de sombras donde las almas se abrazan.

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