Tango de tinta y desvelo
En el silencio de la noche sin fin,
se despiertan las sombras de mi ser,
insomnio, amante cruel, eterno rincón,
donde la oscuridad me envuelve con placer.
Los relojes murmuran su monótono cantar,
y yo, prisionero de la vigilia perpetua,
navego por mares de pensamientos al azar,
en la penumbra de una mente que fluctúa.
Las estrellas observan mi inquieto caminar,
testigos mudos de mis desvelos oscuros,
mi alma danza en el abismo sin cesar,
bajo la luna, reflejo de destinos futuros.
Las horas se estiran como sombras en la pared,
en el insomnio, mi mente es un laberinto,
caminando por pasillos de sueños entrelazados,
donde el dolor y la paz encuentran su tinto.
En el eco de mis suspiros, la noche se ríe,
un tango de desvelos y letras desgarradas,
como un escritor errante, mi alma se desliza,
entre los pliegues de las horas malgastadas.
Oh, insomnio, amante de la pluma que fluye,
en tus brazos encuentro un ahogo sombrío,
en la madrugada, donde el mundo huye,
mi prosa se entreteje en el lienzo del hastío.
Bajo la sombra del ciprés en el rincón solitario,
mi ser insomne se mezcla con la tinta negra,
en el universo de mis pensamientos arbitrarios,
donde el silencio me habla y la noche se integra.
Así, en el abrazo del insomnio que persiste,
mi pluma es un susurro en la quietud eterna,
en la penumbra donde la mente resiste,
mi ser se funde con la noche, su amante sempiterna.
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