Quiero querer que

Yo solo quiero que llegue esa persona que se desvele conmigo. Quiero ese silencio sensato de amorío intocable, de latidos eufóricos, el unísono de anhelos. Quiero esa persona que me acompañe frente a frente, a la espera de los pájaros que anuncian la llegada del día siguiente, del ponerse en marcha, de los que aturden fuerte. La devoción a los primeros rayos de sol. Quiero ese alguien que no comparta solo una, sino dos, tres, hasta siete u ocho tazas de té, donde las horas pasan volando, pero la mente queda en disonancia, marcando ocupado, sin saber si va muy rápido o si quedó encerrado en un bucle de murmullos de corazones retraídos. Quiero alguien dispuesto a la condena, alguien que negocie su vigilia. Quiero alguien con agallas. Quiero ese que viene y no dice nada, pero su presencia dice todo. La insistencia. Quiero el que se deleita con la taza en fantaseo de sus labios sobre los míos; porque en silencio siempre lo hago. Quiero el pensamiento impuro, el recelo y la picardía, quiero ese que sostiene la loza con la delicadeza de una caricia, la firmeza de apoderarse de lo que se quiere, la determinación de querer aún sin tenerse. Quiero el que grite deseo y desgracia, el que me habla de ideas vagas que refugian sensualidad en filosofía improvisada. Ese que sabe que Cerati la pinta magistral en sinfónico, aunque se extrañen los teclados más bluseros. Yo quiero ese alguien con las pestañas de plomo, con la gravedad jugando al rendido, que se traga sus ojeras y las mías, el que a pesar del rostro demacrado y la pálida piel fría, me mire como quien mira su primera aurora boreal, su primera lluvia de estrellas, su primera manzana roja perfecta, el trébol de cuatro hojas y el secreto a la trascendencia. Quiero ese que me ame en silencio, pero que no tema en amarme a gritos. Que la desnudez imaginaria deje de ser tan ordinaria, sin la jugada canalla, que sueñe despierto con el abrazo nocturno y aliento reconquistado, el sexual, el sobre la cama cuando ya no queda nada, cuando se ha quemado todo aún con la evidencia intacta. Quiero ese alguien que adore el abrazo tanto como yo, después del orgasmo y antes del despido. Quiero la esencia del amor más puro. El despojo de la lujuria y el encuentro de la autenticidad. Quiero que ese, que mira y miro, con cual fantaseo entre sorbos de infusión, sin cruzar palabras, sin tacto, sin escapes y sin riesgos. Quiero que, entre pupilas, me ame, pero que no me diga nada.

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