Carta de despedida
Mi querido.
Te extraño en sobremanera y sé que no puedo insistir de más para que vengas y estés conmigo. Mi egoísmo es austero y mi amor ingrato. No conozco otra forma de amar que no sea a golpes, pues perderte (inevitable) implica infinidades de heridas sobre mi piel e inagotables dolores en mi alma, sin embargo, tampoco sé tenerte y quererte; es devastador. Conozco bien que este amor es aversivo, intenso y sumamente antidemocrático, del que no duda quemar la casa cuando las cosas se salen de control... Y tú, me haces perder tan bien el control. Ahogas mi respiro y acallantas mis sentidos. Pierdo el volante con cada mirada, subo la velocidad con tus palabras y destruyo el freno con tus besos. Soy adicto a tu adrenalina y la abstinencia me mata cada segundo un poco más cuando de ti no recibo nada. Estoy doliente, lunático e insensato. Caminaría sobre agujas todo el día y toda la noche por una acción tuya, negociaría mi vida por verte fumar, reír o divagar una vez más. Cualquier transacción por ti. Te lo expongo con total descaro.
Quisiera gritar lo mucho que te extraño, pero no puedo. Tampoco odiar que no estés aquí por decisiones ajenas, porque entiendo las razones, porque sé que yo soy el culpable de esta pena y de nada sirve seguir desgarrando piel y derramando sangre para mantenerte prisionero de mis anhelos, ni mucho menos seguir demostrando lo enfermo de necesidad que estoy a causa de este difuso amorío (lo cual no significa que esté exento de delirio).
Si no te vuelvo a ver precisaré que guardes esta carta y la lleves contigo. Así, cuando la leas, recordarás que el amor no es puramente embustero, frío y lacerante, sino que también profundo, inmanejable y absoluto. Si se aproxima entonces nuestra lamentable despedida, recuerda que alguno de tus romances pasajeros te amó así, quizás en su manera más trastornada y exasperante, imperfecta, pero fui capaz de amarte a mi burda manera.
Sé que seguirás siendo amado por muchas personas más, lo sé tan bien... No dudes. Porque eres tú. Nadie más que tú.
Al alero de lo que construimos juntos, alzo mi mano, suplicando no olvidar, y que no olvides, que el amor va y vuelve. Me despido y espero, humanamente, mañana te salude un nuevo querer.
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