El de la pierna inquieta
La pierna inquieta, el tecleado intranquilo. Ese semblante imperturbable de mirada mortífera. Cuando algo quiere, lo tiene, y no para, porque el que se detiene lo desecha, lo que no sirve no lo usa, lo que recibe lo explota. Es una máquina de pensar, decir y hacer hasta que conquista el objetivo, ese entre ceja y ceja, incrustado en sus pupilas renegridas. Hace conexiones fugaces, a la velocidad de la luz, y me entero tras su patrón veloz de orbes de derecha al centro que está intentando hacer calzar los nuevos códigos con los códigos que ya tiene y que con los nuevos códigos encuentra más códigos con los que ir actualizando su reciente código nuevo que cuestionó y reestructuró un instante antes de que yo siquiera pusiera aquí mi siguiente palabra. Demente. A veces siento que el golpeteo de la suela de su zapato incrementa en fuerza y velocidad a cada segundo, pero creo que es su errática apariencia la que me hace acelerar a ritmo de él. Mi mente no está preparada, mucho menos mi coraz...