Y para precisar
Te amo, sí, como la flor ama el invierno, un afecto tan cálido como un glaciar eterno. Te amo, sí, como el viento abraza la roca, una pasión tan firme como una barca rota. Te amo, sí, como un pez adora el desierto, en un hábitat ajeno, sin consuelo cierto. Te amo, sí, como la tormenta busca su calma, dulce mentira que mata, que apunta con su arma. Te amo, sí, como el verso necesita la rima, una afirmación vacía, una trama que fastidia. Te amo, sí, como el suspiro extraña la brisa, una declaración hueca, apenas precisa. Te amo, sí, como el insomnio aguarda el descanso, un sentimiento que se deshace, cual barro manso. Pero, en la claridad de esta confesión, si el sarcasmo no te queda claro, no, no te amo.