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Y para precisar

 Te amo, sí, como la flor ama el invierno, un afecto tan cálido como un glaciar eterno. Te amo, sí, como el viento abraza la roca, una pasión tan firme como una barca rota. Te amo, sí, como un pez adora el desierto, en un hábitat ajeno, sin consuelo cierto. Te amo, sí, como la tormenta busca su calma, dulce mentira que mata, que apunta con su arma. Te amo, sí, como el verso necesita la rima, una afirmación vacía, una trama que fastidia. Te amo, sí, como el suspiro extraña la brisa, una declaración hueca, apenas precisa. Te amo, sí, como el insomnio aguarda el descanso, un sentimiento que se deshace, cual barro manso. Pero, en la claridad de esta confesión, si el sarcasmo no te queda claro, no, no te amo.

Aquí yace mi vuelo

 En el abismo de mi ser yace un vacío, un eco sutil de desgana en el pecho. Te amo, sí, como se ama en las sombras, pero mis labios se niegan a un beso. No quiero tus suspiros ni tus caricias, aunque te ame con un fuego callado. Mis manos se duermen, mis brazos se vuelven plomo, como si el acto de amar fuera un peso arrastrado. ¿Por qué la piel rehúsa el contacto? Amar no basta, el cuerpo se rebela. No deseo rozar la piel que amo, aunque mi corazón lata por ella. Y te amo, pero no quiero tocarte; apatía. Como si el amor y el deseo fueran a la par en rebeldía. Y te amo en el silencio de mis adentros, aunque mis manos eviten los encuentros. Amor, palabra que se enreda en mis labios, como espinas que se clavan en la garganta, te amo, sí, pero el deseo se disuelve en la bruma. Mis labios pronuncian promesas falsas. Las caricias, suaves hojas de un otoño sin color, se deslizan por mi piel, indiferentes como el viento, y tus palabras, como pájaros sin alas, revolotean en mi mente, pero n...

Instantes de té y sombras felinas

  En la penumbra de la cafetería, silueta de murmullos, donde los relojes bailan al compás del humo, un solitario observador, en la esquina del rincón, un gato negro, taciturno, al acecho en su canción. Entre la cafeína que embriaga esperanzas, el té, como un susurro en la taza pausada, un espectador, un felino entre pares, maravillado por los momentos singulares. En la rutina encuentra poesía, cada sorbo, un verso en la melodía, todos persiguen el mañana distante, mientras él, en el presente, es un navegante. En el humo de los sueños ajenos, la soledad se convierte en abrazo, observa cada gesto, cada destello, como si el tiempo danzara despacio. El vapor del café escapa en el aire impaciente, mientras el té exhala, tranquilo y serenamente, el entintado, con su pluma en un rincón, atrapa instantes, olvidados en la confusión. En cada sorbo, el tiempo se desacelera, y el bullicio se transforma en melodía sincera, los destellos de la rutina, pequeñas constelaciones, se revelan ante oj...